Viaje al Valle del Elqui, con extensión al Valle del Limarí 2008

Ok, estimados. Mi viaje ha terminado y ha llegado el momento de hacer lo que hace tiempo quería hacer, pero que aun no podía porque, claro, aun no había viajado: contar el viaje.

Día 0
Salgo en la mañana (7.00) en bicicleta, pedaleo hasta las 11 y algo, cuando llevo unos 57km recorridos decido regresar al punto de partida, porque el equipaje iba rozando la rueda y era inarreglable, porque mi bici no tiene parrilla ni nada, entonces todo iba colgando a la mala.
Cuando lleguè a la casa, me puse a ordenar otra mochila màs grande, porque no me iba a quedar con las ganas de viajar.

Día 1
Parto en la noche en un bus que me lleva directo a La Serena, pasando por Ovalle antes. Llego al terminal de buses de La Serena súper temprano, antes de que amanezca y rápidamente encuentro un bus que me lleva hasta Vicuña. A Vicuña hago llegada como a las 7:00 y, tras esperar unos 15 minutos en el terminal de buses, tomo un interurbano hasta Pisco Elqui. En Pisco busco un camping y llego a uno que se llama El Olivo, que es sùper piola y tiene piscina. Paso toda la tarde en la piscina, mirando los cerros intimidantemente gigantes del valle del Elqui y en la tarde intento prender una fogata para cocinarme unos fideos... pero nunca lo conseguí, porque el camping era tan ordenadito, tan familiar, que no tenía malezas, troncos o cosas para hacer fogatas. Resignado y con hambre, voy a comprarme una empanada y así aprovezco de conocer un poco el pueblo. ¿En resumen? Pisco Elqui es una aldeíta onderísima y cara.

Día 2
Temprano en la mañana me despierto, armo la carpa y todas las cosas y parto caminando hacia Monte Grande para, desde ahí, ir a Cochiguaz y luego más arriba, hasta El Colorado. Cuando llegué a Monte Grande (a píe) vi que, a lo lejos venían llegando dos chicos en una camioneta que los había traído seguramente a dedo. Estuve un rato sentado en la plaza de Monte Grande (donde hay una estatua de Gabriela Mistral donde toda la gente se saca fotos al pasar) y luego partí a píe por el camino que lleva a Cochiguaz. Caminé más de 6km, hasta que pasó una camioneta que se detuvo ante mi implorante pulgar. Me fui en el pick-up, donde además ya habían unas mochilas y, sentados con el conductor... los chicos que había visto en Monte Grande. La camioneta nos dejó en una parte que se llamaba "El Rancho" y, apenas caminamos unos cinco minutos, otra camioneta se detuvo para llevarnos. Ahora, nos fuimos los tres en el pick-up conversando. Ellos se llamaban Daniel y Javiera, eran pololos e iban a Río Mágico donde se iban a encontrar con unos amigos que habían llegado el día anterior. Me invitaron a ir con ellos y, como yo no andaba con destino fijo, acepté.
Llegamos a Río Mágico, caminamos hasta encontrar al grupo de amigos y ahí, me presenté un poco y armé la carpa. Después, me fui a bañar en el río, casi toda la tarde. Después comer y luego dormir. En la noche, hicimos una fogata y Daniel tocó canciones de fogatat con su guitarra... todos cantaban. Quise cantar también... pero no me sabía casi ninguna canción!!

Día 3
Desperté a una hora decente, ni muy temprano ni muy tarde. El día fue súper plano... bañarse en el río, juntar leña para la noche, comer, caminar, mirar el cielo y los alrededores. En la noche otra fogata... tampoco pude cantar mucho. Me dormí temprano, porque al día siguiente saldría lo más temprano posible, caminando hacia El Colorado, el ultimo puntito en el camino que va siguiendo el río Cochiguaz. Fueron 4km en constante ascenso pero que no fueron tan terribles porque como salí temprano el sol no me pegó tan fuerte. Finalmente, llegué a donde quería llegar, el Camping Cochiguaz, donde mi mamá había ido el año antepasado y me aconsejó mucho que fuera... tenía razón. Es hermoso, absolutamente conmocionante todo. El viento, el río, los cerros, el cielo de imposible color azul. El ambiente era súper distinto a Río Mágico, donde todo era carrete a toda hora; en Cochiguaz, la calma estaba en todos lados, la gente tranquila caminaba bajo la sombra de los árboles. Comí carne de cabrito, más por curiosidad que por hambre, acompañado de una tortilla asada que me sirvió para degustar varios pebres que me ofrecieron los dueños, junto con una amena conversación. Me dormí como a las 19:00 y dejé el despertador a las 3:00. Cuando sonó el despertador, fue el único ruido que hubo. El camping completo en penumbras, la unica posible iluminación eran las estrellas, que sin ninguna luz cerca se veían simplemente soberbias. El cielo parecía caerse sobre uno, las estrellas, hasta la más pequeñita podía distinguirse... fue excelente. Estuve más de media hora tirado en el suelo observándolas, hasta que me empezó a dar sueño y me fui a la carpa, porque si me quedaba dormido ahí, a un lado del río despertaría resfríado y, obviamente, esa no era la idea.

Día 4
Partí del camping Cochiguaz en la mañana, no tan temprano como el día anterior, pero lo suficientemente temprano como para que el sol no fuese malvado conmigo. Caminé hasta Cochiguaz (el pueblo) y seguí caminando para abajo. En el camino, conocí a Carola, que estaba acampando en Río Mágico, que iba a Monte Grande a comprar y que también andaba sola viajando. Conversamos mientras caminabamos y un furgón con unas personas de Calera de Tango, súper conversadoras y simpàticas se detuvo y nos ofreció llevarnos hasta Monte Grande, donde ellos iban a comprar. Obvio que aceptamos. En Monte Grande me despedí de todos y comencé a caminar de nuevo, ahora el sol estaba màs pesado y lo notaba... además, que caminé bastante más que en la mañana sin que ningún vehículo se detuviese para llevarme, al pedido de mi inquebrantable pulgar levantado. Tras caminar unos 10km, una camioneta roja se detuvo. Ya llevaban a dos mochileros más en el pickup y otros dos en la cabina. Era una pareja de unos 50 y tantos súper amables, simpáticos y buenos para conversar que nos hablaron hasta de que no les caía muy bien el novio de la hija de ellos, pasando por supuesto, por enseñanzas filtradas, recuerdos de juventud polola y etcétera. Eran de San Fernando y, según contaron, cuando eran jóvenes salían a pasear por los alrededores y cuando regresaban hacían dedo y casi nunca les paraban, desde ese tiempo se dijero que, cuando ellos anduvieran en vehículo llevarían a todos los que les pidieran. Ellos iban hasta La Serena, así que me fui con ellos hasta allá donde iría a tomar un bus y regresaría a Los Vilos, terminando mi viaje que a esas alturas ya me tenía ultra feliz.
Cuando aun iba en la camioneta, suena mi celular. Era mi mamá, que me preguntaba por mi paradero. Le conté que me iría a La Serena y luego a Los Vilos. Al rato después, vuelve a sonar el celular; era mi tío Ricardo que me dijo que se contactaría con un amigo suyo que vive en La Serena, para que pasase la noche ahí. La camioneta me dejó en La Serena, ahí caminé un rato, conociendo. Luego me contacté con el amigo de mi tío, Mauricio Gleisner, que me dió las instrucciones para llegar a su casa en un colectivo. Súper amable fue el, su hija y su esposa conmigo. Me duché (lo necesitaba), lavé algo de ropa, comí y dormí por primera vez en el viaje, bajo un techo sólido y sobre una superficie blanda. En la noche, me llevaron al centro, para que conociera más la ciudad, la Plaza de Armas y luego la Avenida del Mar, que recorrimos sólo un tramo porque había un taco digno de Santiago.

Día 5
Ya que estaba en La Serena, quise ir al Parque Nacional Fray Jorge. Desperté en la mañana y salí de la casa cargando sólo una chaqueta y una bolsa con frutas y jugo que, la noche anterior, amablemente Carola (esposa de Mauricio) me había preparado. Caminé de la casa hasta la carretera y, luego por la carretera me fui haciendo dedo y caminando... caminé bastante rato. Bastante rato. Bastante rato... llegué hasta la entrada norte de La Herradura, cuando ya eran las 11 y tanto. Me rendí y volví a la casa, un poco frustrado. Cuando llegué, estuve un rato en el computador de la casa y luego almorzamos. Un rato más tarde llegó Mauricio y, tras Tras despedirme de todos, me fue a dejar al terminal de buses. Mi viaje había terminado y regresaría a Los Vilos. Me bajé en la entrada del terminal de buses y Mauricio se fue. Entré al terminal, buscando pasajes para Los Vilos. Todos caros y ninguno salía pronto... empecé a caminar por la loza, y me puse a conversar con un chófer de un bus interurbano que iba a Ovalle. Ovalle... mi nuevo destino. Desde el bus, cuando ya iba saliendo de La Serena le envié a mi mamá un mensaje que decía: "En La Serena no hay boletos para Los Vilos, me encontré con un bus a Ovalle y... me voy a Ovalle". Cuando llegué a la seca y de opacos colores ciudad de Ovalle busque una oficina de turismo que no tardé en encontrar. Ahí me dieron informaciones varias, sobre campings, paseos en los alrededores y etcétera. Decidí ir al Parque Tamelcura, que queda al lado del embalse La Paloma. Cuando llegué ahí iba a armar la carpa, pero antes quería hacer una fogata... y fue en ese momento en que me percaté de que no me quedaban fósforos y el encendedor estaba muerto. Así que caminé hasta otro grupo de campistas para pedirles fuego. Cuento corto, tras el prestamo de fósforos y una breve conversación, me invitaron a instalarme junto con ellos. Nada me lo impedían y además, sería entretenido compartir con más gente. Además, eran súper simpáticos. Cuando volví con mi equipaje, carpa y saco, me presenté bien y ellos también. Eran Mauricio, Fabiola su polola, Camila hija de Mauricio y Bastián, sobrino de Mauricio. Me convidaron té, pan y cerveza... que Mauricio tenía harta y, a cada rato decía, que era como tonto pa' tomar chela!! Además claro, de la conversación nocturna, que estuvo de lo más variada, desde las actividades de cada uno, pasando por las fechorías escolares de la pequeña Camila y las travesuras de Bastián paseando en Mendoza hasta por como se mata a un chancho o a un cabrito.

Día 6
En la mañana, tras tomar té me fui del Parque Tamelcura, tras despedirme de Mauricio y familia, que fueron súper amables al invitarme. Y empecé a caminar hacia Ovalle, haciendo dedo, claro. Una camioneta me dejó en la Plaza de Armas. Ahí, mientras estaba sentado mirando un mapa, llegó una gitana ofreciendo contarme mi destino... me dio tanta risa. Mi destino, hasta donde yo sabía, era regresar hace dos días a Los Vilos y andaba en Ovalle de pura casualidad. Que me iba a interesar saber mi destino, viajar para cualquier lado, de cualquier forma y por cualquier motivo es mucho mejor. Caminé desde la Plaza de Armas de Ovalle unos 15km, nadie paraba, nadie... finalmente, una camioneta me avanzó hasta San Julián, donde simplemente no había nada. El horizonte era infinito para todos lados... y no pasaban ni autos. Caminé varias horas más y, finalmente me paró otra camioneta, que me dejó en la Ruta 5. Seguí caminando más, ya en un estado catastrófico, deshidratado a morir, cansado y con hambre. Nadie paraba... nadie. Finalmente, un furgón Volkswagen manejado por un calladísimo alemán de la ex-RDA se detuvo y me llevó hasta la entrada de Los Vilos. Caminé los últimos 4km con una sonrisa indescriptible, el viento chocaba con mi cara y yo, feliz, me acercaba de a poco a la cabaña. Donde mis abuelos estaban... claro que ellos no sabían que yo llegaría. Apenas llegué, una larga ducha y hartos fideos, además claro de un fuerte abrazo de mis tatas me recibieron. Estaba de vuelta, mi viaje había terminado.

Mi viaje al Valle del Elqui, con extensión al Limarí 2008

2 comentario(s):

Oporto dijo...

¿En resumen? Pisco Elqui es una aldeíta onderísima y cara.

Sí, cuando yo fui vendían unos minerales hermosos pero carísimos, además de rural no tiene nada, hay incluso más turistas que nativos tirando pinta en la plaza.

Excelente reseña del viaje, fuiste como un forrest gump del sur del mundo XD

Muchos saludos!!

Carolits! dijo...

hola... encontre tu blog buscando referencia para ir a pisco elqui a acampar con unos amigos en septiembre, me sirve mucho tu reselña. y me gusto tu blog saludos y gracias igual.. jaja

carola